Empezaron los despidos y suspensiones en Frigorífico Pico

07/02/2026 JJ

El panorama laboral en la región se ha oscurecido drásticamente tras un enero marcado por suspensiones masivas y una caída notable en la actividad. Aproximadamente 450 trabajadores han estado en suspensión en medio de una disminución alarmante en la faena del frigorífico, que pasó de procesar alrededor de 600 vacunos diarios a apenas 50, evidenciando un parate casi total en la planta.

La incertidumbre y el desasosiego reinan entre los empleados, exacerbados por la falta de comunicación oficial. El silencio de las partes involucradas ha provocado un aumento del malestar. Un trabajador, visiblemente afectado, expresó con crudeza la confusión que se vive en el frigorífico: “No sabemos qué va a suceder con nuestras indemnizaciones, o si se pagará algo. Existe un procedimiento preventivo de crisis que ya venció, y el gremio no lo homologó. La falta de diálogo con el gremio y la inacción del Ministerio solo aumentan nuestra angustia”.

La ausencia de respuestas claras ha generado un clima de tensión social y laboral palpable . Algunos han mencionado que hay interés por parte de un empresario de General Pico, vinculado históricamente al sector, en adquirir la compañía, pero estas afirmaciones siguen siendo rumores sin confirmar. Mientras tanto, la desesperanza se apodera de los trabajadores.

Por otro lado, se ha revelado que diversas comunidades han ofrecido apoyo para intentar mantener las operaciones de una empresa que ha generado inmensas fortunas para sus propietarios. Aportaciones del Gobierno provincial y de los municipios de Trenel y Arata han sido cruciales, incluyendo el pago de transportes para que los trabajadores pudieran trasladarse a sus lugares de empleo.

El envío de telegramas de despedida ha materializado el miedo más atroz: la pérdida de empleo afectará no solo a centenares de familias, sino a las comunidades en su conjunto. En Trenel, la realidad ya es palpable, con un aumento en los alquileres no pagados y un desolador paisaje urbanístico. Un vecino compartió el pesimismo que se siente: “El pueblo parece un fantasma; hay horas en que no se ve a nadie en la calle”.

Los ecos de la crisis se sienten cada vez más intensos, y la necesidad de respuestas y soluciones es urgente. Cada día que pasa, el futuro de estos trabajadores y sus familias se vuelve más incierto.
 

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