Los olvidados de La Pampa, decenas de familias viven en un asentamiento en el barrio El Amanecer en Santa Rosa

28/01/2026 JJ

En un rincón de la ciudad de Santa Rosa, donde las condiciones de vida son extremas, las familias se han unido en un esfuerzo colectivo para enfrentar la adversidad. Cada día, con solidaridad y determinación, se reúnen para preparar una olla popular, asegurando que los más pequeños tengan al menos una comida nutritiva. Esta acción comunitaria no solo abastece sus necesidades inmediatas, sino que también fortalece los lazos entre vecinos, creando un sentido de pertenencia y apoyo mutuo.

Sin embargo, la lucha por mejorar sus condiciones de vida es constante. Con calles en mal estado que dificultan el acceso a materiales esenciales, la comunidad clama por la atención de las autoridades para que se realicen las reparaciones necesarias. Sueñan con poder construir hogares dignos y acceder a servicios básicos como la electricidad, algo que parece un derecho básico y que ya gozan barrios cercanos como El Amanecer.

La situación es urgente. Decenas de familias viven en un asentamiento ubicado bajo los piletones del relleno sanitario, enfrentándose a una rutina marcada por el olor nauseabundo y la presencia de aguas servidas. La mayoría de sus habitantes subsiste realizando "changas", trabajos temporales y precarios que apenas les permiten acumular un ingreso. Lo poco que logran reunir, sumado a las asignaciones familiares, resulta insuficiente para cubrir el alquiler y satisfacer las necesidades básicas de sus seres queridos.

Este panorama desolador exige una intervención significativa y sustentable por parte de las autoridades locales. A medida que la comunidad se organiza, también se alza un llamado a la acción, un grito que pide no solo reconocimiento, sino también justicia social y dignidad. Las familias de este asentamiento merecen un futuro mejor, un lugar donde puedan prosperar y soñar, lejos de la marginalidad que ha marcado sus vidas hasta ahora.

Cabrera, uno de los referentes del barrio, expresa su preocupación y necesidad: “Hace un año y medio que estoy aquí, fui de los primeros. Lo único que pido para empezar es que nos puedan arreglar la calle y que se nos permita usar el espacio cubierto para establecer un merendero”. Este espacio, una antigua sala de máquinas donde funcionaban las bombas de tratamiento de líquidos cloacales, es propiedad de Obras Sanitarias.

“Queremos crear un merendero porque somos casi 90 familias viviendo aquí”, continúa Cabrera. “Necesitamos que el Estado o el gobierno nos brinden apoyo para poder salir de esta situación. Ahora, organizamos una olla popular para alimentar a los chicos, pero lamentablemente el piletón cercano rebosa y tenemos que soportar un olor insalubre”.

A diario, las familias se reúnen en un claro bajo los árboles para preparar una comida comunitaria, con la esperanza de alimentar, sobre todo, a los más pequeños. Esta unión en la adversidad refleja la fortaleza y la resiliencia de la comunidad, que lucha por mejorar sus condiciones de vida.

el líder de la iniciativa de la olla popular. "La situación es difícil, pero tenemos una comunidad unida que se preocupa por el bienestar de todos. Cada día, nos encontramos para coordinar y hacer posible que estos chicos tengan al menos una comida caliente. La solidaridad entre vecinos se ha vuelto fundamental en este momento. No solo alimentamos, sino que también creamos un espacio de encuentro donde todos nos apoyamos mutuamente."

Además, destacó la importancia de contar con más recursos y apoyo por parte de las autoridades locales. "Sabemos que no es solo un problema nuestro, es un problema que afecta a muchas familias en la zona. Esperamos que se nos escuche y se tomen medidas para mejorar la situación de todos", concluyó.
 

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